Una ventana ojival que convierte la luz en ornamento.
Debe su nombre a los muros de piedra vista que la envuelven por completo, y su carácter a una ventana ojival original del siglo XIII por la que entra la luz de Toledo filtrada, cálida, casi líquida, a cualquier hora del día.
Es la más recogida de las estancias, pensada para quien busca silencio antes que espacio: una cama doble, un escritorio discreto junto a la ventana y un baño privado que completa, sin excesos, todo lo necesario.





